Reseña crítica
La virgen de
los sicarios
El libro La
virgen de los sicarios, se centra en la vida de Fernando y su amor, que
dura 7 meses, con Alex, que después de haber sido asesinado su jefe, es
presentado a Fernando en la casa de José Antonio. Alexis es un sicario más de
los muchos que hay en Colombia, en específico Sabaneta; Fernando comienza a
experimentar, a su alta edad, un amor incondicional por Alexis, pero él se ve
envuelto en un charco de todo la porquería que Colombia tiene, entre los
asesinatos, gente pobre, robos, mal gobierno, poco respeto a la iglesia y una
infinidad de balas, Fernando y Alexis tratan de mantener un control de la
maldad, fungiendo como ángeles de la muerte en las calles. Esto nos lleva al
trágico desenlace que le espera al protagonista y la pérdida de su primer amor,
Alexis. Sin embargo la suerte le sonríe una vez más, pero es una risa burlona y
sarcástica.
En busca de una
felicidad, en medio de un infierno, es posible que cualquiera se aferre a lo
poco que tenga y en el caso de Fernando, solo le queda “La virgen de los
sicarios”.
Este es un libro
fácil de digerir, son tan solo 127 páginas, bien escritas en un solo y gran
capítulo, a diferencia de muchos libros, La virgen de los sicarios, no contiene
como tal los diálogos, que están escritos en prosa y es difícil captar, ¿quién
habla?, ¿dónde comienza?, y ¿en qué momento deja de hablar? Tiene la
peculiaridad de explicar en el mismo libro y en el mismo instante que habla,
cada palabra o regionalismo que cree que el lector pueda desconocer. También
suele divagar con la descripción de personas, lugares y de sus emociones.
Fernando Vallejo,
junto con La virgen de los sicarios, nos lleva en una historia diferente, libre
de censura y envuelta en tres temas muy controversiales, ignorancia, fe y
violencia; desde el punto del autor tenemos frases dignas de ser el lema de
toda una ideología: “Cuando la humanidad se sienta sobre sus culos ante un
televisor a ver veintidós adultos infantiles dándole patadas a un balón no hay
esperanza”. (Pág. 12) En este simple párrafo podemos encontrar un desdén hacia
lo que es más simple que un vaso con agua, el fútbol. El fútbol, herramienta
para embobar, máquina para olvidar y arma para cegar. Nos explica con la
claridad más brutal, que es un algo tan infantil y vulgar que logra quitar toda
la esperanza a una nación.
“Solo nuestra fe
católica más nuestra vocación reproductora la puede contrarrestar un poco”.
(Pág.62) ¿Fe católica? El personaje trata de decir que la fe, no la iglesia,
podría acabar con el infierno de Medellín, pero de qué fe habla, él dice que no
existe dios y que sí, si existe es culpa suya, la única sin culpa es María Auxiliadora,
su virgen favorita. Esta es sin duda una frase hipócrita y pareciera, según la
lectura, que el personaje busca una fe que él no tiene, yendo a cada una de las
150 iglesias. Ya no se sabe si cree o no. “Dios no existe y el que no existe no
tiene no tiene bienes”. (Pág.71) Aquí se reafirma su indiferencia hacia dios
pero no hacia su existencia. Es muy diferente, no creer en dios y aceptar que,
dios no existe. Claro que dios no existe, si existiera, nacería, moriría, se
transformaría y moriría, pero no, todo lo finito existe y si dios no hace nada
de eso dios no existe y es infinito.
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